lunes, 21 de agosto de 2017

Anahí Flores: “Me gusta mucho producir en serie y así, también, nacieron mis libros anteriores”




La escritora Anahí Flores habló con Entre Vidas de su libro de poemas Ciertas horas de la primavera, publicado por La Carretilla Rojas. En dicho libro, la autora señala que vio cada poema como una instantánea urbana en movimiento y que el nombre del libro tiene que ver con que fueron escritos durante esa época del año. Además, adelantó que está en etapa de revisión y corrección de dos libros que serán publicados el año que viene por Alto Pogo y por Qué diría Víctor Hugo?, dos editoriales de La Coop.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
En el momento previo a escribir más que rituales tengo excusas. Hago un mate, luego agarro algo para comer, respondo algún mail para no dejarlo para después. Puedo hacer de todo para retrasar el momento de sentarme y arrancar (releo esto que escribí y noto que abundan los “para”. No es casual, tratándose de excusas).

¿Con qué frecuencia escribís?
Eso depende de a qué llamamos escribir. Todo el tiempo estoy escribiendo, a veces mentalmente. Otras, ni siquiera en la mente, sino en algún lugar más sutil como la intuición. Pero si te referís a poner las manos sobre el teclado o agarrar una birome (yo soy de las que siguen escribiendo en cuadernos), podría decirte que casi todos los días, un poco.

¿Quién te inculcó el amor por la literatura?
No es una persona en particular, si no, ¡qué responsabilidad! A la literatura entré leyendo, y ahí los responsables fueron mis padres. A escribir arranqué después, a los trece años, aunque tengo algún que otro texto anterior.

¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que aparecen en tu libro Ciertas horas de la primavera?
En realidad, no los seleccioné, sino que los escribí en serie. Me gusta mucho producir en serie y así, también, nacieron mis libros anteriores. Es como si escuchara una melodía y quisiera hacer muchas variaciones, hasta agotarla. Cuando la agoto, concluye la serie. En el caso de Ciertas horas de la primavera, veo cada poema como una instantánea urbana en movimiento.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Porque lo escribí en primavera. Porque siento la primavera en esas páginas. Porque cada poema ocurre a una hora diferente del día. Porque los poemas van desde la mañana temprano hasta la noche tarde y luego el libro termina.

¿Cuál es tu poema preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
No me sale un poema preferido… Sería como elegir un hijo preferido, ¿no?
Pero no quiero escapar a tu pregunta, a ver… Releo ahora y elijo el de las 6 PM. Sin embargo, no me tomes muy en serio, tal vez si releyera el libro mañana, elegiría otro.
Con respecto a cuál destacan los lectores, por suerte suelen mencionar diferentes poemas y eso me deja más tranquila que si sólo comentaran uno.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con La Carretilla Rojas?
Le escribí a Mauro Quesada, el editor, porque me había gustado el formato pequeño y artesanal de los libros. En el acto charlamos (todo por mail), leyó algunas propuestas que le envié y eligió Ciertas horas. El resto fluyó perfecto: de la tapa se encargó él (la ilustración es de Diego Berger) y para la contratapa tuve el honor de contar con Jorge Aulicino.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Tengo cierta resistencia a recomendar libros, lo que me apasiona a mí puede resultarte indiferente a vos o a quien sea. Te cuento de mis últimas lecturas preferidas: en marzo leí (y releí varias veces) El libro de las pesadillas, de Galway Kinnell. En abril, y gracias a la recomendación de mi amigo Ricardo Bada, devoré Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer. Y en junio, me dejé llevar por Stoner, de John Williams, gracias a mi amigo Sebastián Grimberg que, como no quería prestarme su ejemplar, terminó regalándomelo para mi cumpleaños.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En este momento estoy en plena revisión de Criaturas, que es un libro de cuentos que saldrá este año por Alto Pogo. También estoy terminando de pulir Quizá en otro momento, poemario que editará Qué diría Víctor Hugo? el año que viene. Pero todo eso es revisión. Escribir, estoy escribiendo una serie de poemas que se desató en el mismo momento en que me mudé a Florida, o sea hace unos meses. Por el momento, sigue creciendo.



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jueves, 17 de agosto de 2017

Flavia Kudach: “Soy muy visual, tengo imágenes que se transforman en palabras”



La escritora Flavia Kudach publicó el libro Pedacitos con Chiado Editorial y habló con Entre Vidas acerca del proceso de selección de los relatos que aparecen en su debut como autora. Además, adelantó que está trabajando en un segundo libro y que al mismo tiempo escribe en su blog y sube videos a instagram en los que lee sus nuevos textos.




¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
La verdad es que no tengo un ritual en particular, puedo hacerlo en cualquier momento en el que se me cruza una palabra, frase o situación que sirve de disparador y largarme a escribir.
En general, si pasa eso, anoto lo que sea que se me ocurrió o una imagen que se me apareció y quizá luego la retomo para continuarla o se transmuta y sale otra cosa. Soy muy visual, tengo imágenes que se transforman en palabras.

¿Con qué frecuencia escribís?
No tengo una frecuencia programada ni me obligo a hacerlo. Tengo días en los que puedo escribir mucho y estar días sin escribir nada. Funciono así, por estímulo natural, sobre todo porque casi todo lo que escribo fluye, no me propongo o me encasillo en que tengo que escribir algo determinado. Y me parece que está buenísimo que así sea. Igual en general escribo tres o cuatro veces a la semana.

¿Quién te inculcó el amor por la literatura?
Bueno… fue una búsqueda. Tengo hermanos mayores y en particular mi hermana más grande leía mucho. Desde chica me llamaron la atención algunos títulos y ciertos escritores. Soy una admiradora de Julio (Cortázar), me conmueve y es algo que me parece increíblemente de lograr en alguien.
Leo de todo, siempre estoy leyendo algo. Pero el interés fue siempre propio y fue in crescendo. El amor es una construcción, así que diría que lo construí con cada libro al que me acerqué. Incluso aquéllos que no me gustaron. Cuando ingresé a la facultad tenía que leer mucho y se me hizo un hábito que luego continuó a cualquier tipo de material escrito que se me presente. Diría que no puedo parar de captar información, lo cual en esta era, podría ser una obsesión, pero lo hago por placer.

¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen en tu libro Pedacitos?
Fue bastante perceptivo y por otro lado me parecía que era una buena muestra de lo que venía escribiendo en ese momento. Luego lo consulté con Javier, un amigo que vive en Barcelona, que fue quien escribió el prólogo del libro, y pareció estar de acuerdo.
Debo decir que para estas cosas confío bastante en cómo me siento. Fue más una cuestión de sentirme cómoda y representada con esa elección.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
El nombre me vino solo porque hay un texto en el libro que se llama así y me parecía que aunaba perfectamente lo que sentía respecto al libro. Al leerlo me daba esa sensación, que eran pedacitos de historias y momentos de mi vida, ya sean reales o ficticios, todos los textos representan un momento en particular para mí.
Con el tiempo, me fue cerrando aún más esa elección. No dudé en eso, es raro lo que me pasó pero fluyó, tenía que ser ése y al día de hoy me parece el mejor que pude haber elegido.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál es el que destacan los lectores?
Uff, qué difícil!!! No había pensado nunca eso pero creo que hay varios preferidos. Igualmente van cambiando porque a medida que pasa el tiempo me identifico más con unos que con otros. El tiempo va haciendo que uno tome distancia del relato y pasa a generar algo completamente diferente, es curioso eso.
En cuanto a los lectores hay variedad de gustos, hay quienes son más románticos y se inclinan a los relatos más amorosos y hay quienes se distancian de esos lugares y prefieren más un texto breve sobre algún personaje.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con Chiado Editorial?
Me contacté con ellos y otra vez esto fue parte de una intuición, es más, fue la única editorial a la que le presenté mis escritos. Aclaro que la editorial es de Portugal pero distribuyen en varios países.
Creo que mi idea en el fondo era poder llegar a varios lugares de Europa, sobre todo a España, en donde tengo muchos amigos y conocidos por haber vivido en Barcelona varios años. Me gustaba la idea de pensar que gente que quiero y con la que compartí momentos importantes de mi vida pudieran acceder al libro.
Por otro lado, había una cuestión de estilo. Tengo un blog que comando hace un año y medio y la mayoría de mis lectores son Europeos entonces, digamos que ahí tenía un dato. Había algo de mi estilo de escritura que sin querer atraía un público de lectores que no eran necesariamente argentinos.

¿Qué libros de los que hayas leído últimamente recomendarías?
Últimamente estoy leyendo muchos libros de amigos que casualmente también escriben y también acercándome a libros que quería leer hace mucho.
De mis últimas lecturas recomiendo “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, “Imitación de la quietud” de Grau Hertt (Editor de Nulú Bonsai), “Chacharramendi” de Juan Guinot (mi padrino mercedino), “Calletania” de Israel Centeno y “HHhH” de Laurent Binet.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Actualmente sigo escribiendo y manteniendo mi blog (https://misskudach.wordpress.com/).
También voy compartiendo con los lectores en mi página de Facebook eventos en los que participo y voy subiendo fotos también de los nuevos lectores que me llegan
https://www.facebook.com/flaviakudachpedacitos/
También armando un compilado para mi segundo libro que aún no tiene forma ni nombre pero está en mi cabeza listo para salir.
Hay algunos relatos que no sé si estarán en formato novela o cuentos breves. En Instagram voy subiendo videos de algunos textos que voy escribiendo y comparto leyendo.
El proyecto es siempre seguir haciendo y como decía Julio C. “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”.

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Maximiliano Matayoshi: “Es una novela que gusta mucho porque es ágil y toca temas que son atractivos”




El escritor Maximiliano Matayoshi publicó una reedición de su libro Gaijin a través de la Odelia Editora. Con dicha novela obtuvo el primer premio UNAM-Alfaguara en 2002. El autor estuvo hablando con Entre vidas y contó que la historia parte de una anécdota de su padre acerca de cómo ponían balas de cañón enterradas en la caída de un tobogán con el fin de activarlas para que exploten.



¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Prepararme un mate, en lo posible con yerba Playadito, que es la única que no me da acidez.

¿Con qué frecuencia escribís?
Cuando el resto de mi vida (trabajo, mujer, casa, niño de 18 meses) me lo permiten.

¿Cuál fue la imagen disparadora que dio inicio a la escritura de tu libro Gaijin?
La anécdota que me contó mi viejo, acerca de cómo ponían balas de cañón enterradas en la caída de un tobogán, colocaban un clavo en el casquillo, y dejaban caer una piedra por el tobogán para activar la explosión.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Gaijin (extranjero) es una palabra que puede usarse de forma muy despectiva. Muchas veces oí a mi viejo usarla de esta manera. El libro es parte de una discusión que mantuve con él a lo largo de toda la vida.

¿Qué repercusiones tuviste de parte de los lectores?
En general es una novela que gusta mucho porque es ágil y toca temas que son atractivos. Pero también muchas veces se hace una lectura que formaría parte de la discusión que mencioné antes: se la lee como una novela “japonesa” cuando es exclusivamente argentina.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con Odelia Editora?
Realmente no lo sé. Papá murió en marzo del 2016 y fue la primera vez que pensé que era tiempo de reeditar el libro. Dos meses más tarde me contactaron las chicas de Odelia, querían publicarla. Entonces sentí que todas las decisiones habían sido tomadas por alguien más, que a mí sólo me tocaba decir sí.

Con la novela ganaste el primer premio UNAM-Alfaguara en 2002. ¿Qué sentís que cambió en vos como escritor?
Me sentí escritor. Antes de eso no lo sentía y creo que poco después dejé de sentirlo. No estoy seguro de que sea algo bueno o malo sentirse escritor. Era muy joven y tal vez no tenía la madurez suficiente para hacerlo una parte real de mi vida.

¿Cuál es el recorrido que piensan darle con la editorial?
Desde la editorial buscan darle una nueva vida al libro, que vuelva a estar en las mesas de las librerías y llegue al público general. Con este libro inauguraron la colección de narrativa contemporánea, porque creyeron que era un libro que podía gustar a mucha gente y abrir camino para los que vinieran después. Por ahora, se viene cumpliendo.

Para el que todavía no leyó la novela. ¿Con qué se van a encontrar?
Una novela iniciática en todo sentido. Iniciática para los personajes y para el autor, todos en busca de su identidad.


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domingo, 16 de julio de 2017

Rocío Cortina: “La idea fue trabajar con voces nuevas de la literatura argentina”





La escritora Rocío Cortina armó la antología de cuentos All inclusive, relatos de amor y desamor que se publicó a través de la editorial Textos Intrusos. Fue la encargada de seleccionar a los autores con la idea de trabajar con nuevas voces de la literatura argentina. Además, la también periodista señaló que es una especie de “todo incluido” del amor, donde caben distintos imaginarios, entre los cuales también está el desamor, el desencuentro con el otro, el amor a la familia, a los amigos, a la vocación o profesión. Habló con Entre vidas acerca de dicha publicación y de sus próximos proyectos entre los que se destacan una novela y otra antología vinculada a textos periodísticos y crónicas.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Ninguno fijo, aunque sí respeto ciertos esquemas. Si estoy con un proyecto escribo de forma bastante metódica, cuando termino de trabajar, por la noche, o a veces por la mañana bien temprano. Si no estoy muy conectada leo algunos fragmentos de libros que me gusten, pongo música, aromas ricos… en ese sentido soy muy terrenal, relaciono el hecho de escribir con algo placentero, entonces me gusta estar cómoda, en un lugar lindo (mi casa por lo general), no puedo producir algo si estoy apurada o si sé que tengo cosas pendientes. Y si estoy trabada con los personajes o con alguna escena, me encanta salir a la calle a mirar, recorrer lugares llenos de gente en busca de caras o situaciones.

¿Con qué frecuencia escribís?
Trabajo en periodismo, con lo cual escribo todos los días. Ahora, como decía antes, si estoy con un proyecto literario, con un cuento o un libro por ejemplo, trato de hacerlo todos los días, cada vez que tengo un momento libre. Creo que cuando hay una idea en la cabeza o una emoción que puede convertirse en un texto, no hay que abandonarla hasta que se encauce o tome forma.

¿Cómo surge la idea de armar la antología de cuentos All inclusive, relatos de amor y desamor, publicada por la editorial Textos Intrusos?
Fue una propuesta de Hernán Casabella, de Textos Intrusos, y surgió después de publicar Fiestas Sísmicas con la misma editorial. La idea fue trabajar con voces nuevas de la literatura argentina. Me gustó eso, y me gustó también la propuesta sea temática.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Es un juego de palabras un poco caprichoso que remite al concepto de all inclusive del turismo. Al aceptar trabajar con la línea temática del amor me propuse tener una mirada amplia y no atarnos a historias con ideales románticos, a historias de parejas heterosexuales únicamente. Con Casabella coincidimos en que es una especie de “todo incluido” del amor, donde caben distintos imaginarios, entre los cuales también está el desamor, el desencuentro con el otro, el amor a la familia, a los amigos, a la vocación o profesión. En fin, todo es amor si uno se pone a reflexionar, incluso en el acto de escribir también hay amor.

¿Cómo fue el proceso de selección de los autores que aparecen en la antología?
Llegué a los autores a través de distintos talleres literarios, de material que yo ya había leído en distintos momentos. Y la selección final estuvo marcada por la adecuación al tema, por los enfoques novedosos, las historias frescas. En el libro hay textos de Zulima Abraham, Ana Clara Azcurra Mariani, Sofía Blasco López, Federico Capobianco, Elías Alejandro Fernández, Juan Manuel Maza, Mateo Mórtola, Andrés Pinotti, Martín Satelier, Juan Ignacio Sapia y Paloma Cáceres Urban.

¿Cuál es tu cuento preferido de la antología y cuál el que destacan los lectores?
Todos me parecen muy buenos textos, cada uno con su estilo y enfoque particular sobre el amor. El libro recién se lanza, veremos cuál es el comentario de lectores. Por nombrar solo uno, destacaría el cuento que abre el libro, que es La Convicción, de Juan Sapia. Es la historia de una pareja con sobrepeso, en donde el amor al otro está muy relacionado con el amor a la comida. La comida es casi un tercero en cuestión. En los personajes de Sapia hay conductas asociadas a la comida, a querer comerse al otro, a verlo comer que son muy interesantes.

¿Qué autores recomendarías?
Mis imprescindibles suelen ser mujeres: Silvina Ocampo, Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Lorrie Moore, AM Homes, Clarice Lispector. Pero también Fabián Casas, Iosi Havilio, Félix Bruzzone, Raymond Carver, J.D Salinger, Junot Díaz. Y muchos y muchas más.

¿Qué objetivos tenés dentro del ambiente literario?
Si tuviese que hablar de objetivos, cada texto escrito y leído es un objetivo en sí mismo. Leo y escribo, y me gusta mucho incentivar a otros a que lo hagan a través de los talleres que organizo. Pero sinceramente nunca me cerró mucho la idea de “ambiente literario”, me remite al “mundillo”, siempre me dio la sensación de una cosa cerrada y exclusiva a la que pocos pueden acceder, un poco asfixiante también. Es justamente esa idea que de chica no me dejaba acercarme a talleres o a ciertos espacios vinculados a la literatura, y noto que muchas personas cargan con ese prejuicio del ambiente literario. La literatura abre nuevos mundos, por eso creo en una literatura inclusiva, que acerque a los lectores.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Estoy escribiendo una novela y planificando otra futura antología, aunque vinculada a textos periodísticos, con crónicas. También estoy dando talleres de iniciación a la lectura y la escritura. En eso está puesta mi energía hoy.




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martes, 20 de junio de 2017

Néstor Darío Figueiras: “Los cuentos de “Capricho #43 juegan con la ciencia ficción, parodian el terror y chapotean en el fantástico”




El escritor Néstor Darío Figueiras publicó el libro de cuentos Capricho #43 a través de la editorial Peces de Ciudad y ya agotó la primera edición. El autor habló con Entre vidas acerca de sus comienzos en la escritura, de la reciente publicación y de los proyectos en los que está trabajando entre los que se encuentra una novela corta que se publicará el año que viene por Ayarmanot.



Sos escritor, músico, productor musical. ¿Con qué profesión te quedarías?
Qué difícil contestar… Si sólo tuviera en cuenta el aspecto financiero, hoy me quedaría con mi labor de músico, porque me reporta más ingresos que la literatura (aunque no muchos más). Por otro lado, ahora que lo pienso, no sé si me considero ‘escritor’ en el sentido de ser un profesional de la escritura. Como que todavía me cuesta creerlo, a pesar de contar con dos libros en mi haber, varias publicaciones más o menos importantes —aquí y en el exterior—, y algún que otro premio. Sí está muy claro para mí que cualquier profesión a la que me dedique hoy debe ser fundamentalmente de tipo creativo. Fui cadete, data entry, pinturero y oficinista, y siempre sentí que algo no estaba bien. Es una gran decisión dedicarse a lo que uno ama, pero no sólo como un hobby, sino con el objetivo de poder vivir de ello. Y cada día me convenzo más de que en esa decisión el azar tiene muy poco que ver, que la determinación es lo más importante.

¿Qué fue lo primero que escribiste?
Un cuentito de ciencia ficción llamado “Organicasa”, a los dieciséis, para la categoría Alumnos de Escuela Secundaria de la edición de 1991 del Premio “Más allá”, una distinción que otorgaba el CACyF (Círculo Argentino de Ciencia-ficción y Fantasía). Mi profesora de Lengua y Literatura, Ana Pérez del Cerro, me convenció de participar (y siempre le estaré agradecida por éste y otros estímulos). Bioy Casares fue el presidente del jurado. No fui a la ceremonia de premiación —celebrada durante la ConSur 1, uno de los primeros intentos serios de hacer una convención del fandom— porque estaba seguro de que no iba a quedar seleccionado. Ni hablemos de pensar en ganar… (Entonces los participantes de cualquier certamen se enteraban de la suerte de su cuento en la misma ceremonia). Al final, “Organicasa” ganó una segunda mención y me perdí la oportunidad de estrechar la mano de Bioy al recibir el diploma… Pero ya lo superé, jajaja. Ese pergamino, ahora medio amarillento, es uno de los reconocimientos que más valoro.

¿Cuándo sentiste que lo que escribías era publicable?
Buena pregunta, porque suele suceder que cuando el escritor lo siente no coincide con el momento en que lo publican. Yo sentí que lo que hacía era publicable después de que se vinieran mostrando mis textos en diferentes revistas y antologías virtuales (y en algunas publicaciones en papel). Esa convicción de que estaba escribiendo algo que era digno de ser leído terminó de emerger con “Una nota que garpe”, el cuento que cierra la antología “Buenos Aires Próxima”, de Ediciones Ayarmanot (criatura de Laura Ponce). De ese relato estoy verdaderamente orgulloso. Hoy lo releo y siento que pasa la prueba del tiempo (tal vez la más difícil). Ahora puedo ver aquello que Laura —una gran profesional, de esos editores que tienen ojo clínico— me marcaba cuando lo estaba escribiendo. Ella entrevió el potencial del texto antes de que estuviera terminado. Esto no quiere decir que reniego de todos mis textos previos a esa antología, para nada (aunque a veces peco de autoexigente). Hay cuentos anteriores que me gustan —y gustan— mucho, como “Reunión de consorcio” y “Misión diplomática”. Pero creo que a partir de “Una nota que garpe” me afirmé en cuestiones de temática y estilo, y encontré mi voz.

¿Quién te inculcó tu amor por el género fantástico y la ciencia ficción?
Muchas personas, pero mencionaré algunas que fueron decisivas. Para empezar, María Elena, una maestra del primario que me inició en algunas lecturas fundacionales: Julio Verne (“Viaje al centro de la tierra” y “20.000 leguas de viaje submarino”) y la maravillosa serie “Los conquistadores de lo imposible”, del belga Philippe Ebly. Luego, en el secundario, la ya mencionada profesora Pérez del Cerro fue una gran impulsora de mi incursión en estos géneros. Te doy un ejemplo: en quinto año, decidió leernos “La intersección de Einstein”, un clásico de la CF de la New Wave, de Samuel Delany. Se tomaba 20 minutos cada clase para leernos la novela en voz alta. Lo genial del experimento era que ella nunca había leído el libro. Lo estaba descubriendo al mismo tiempo que nosotros. Huelga decir que sólo dos o tres alumnos estábamos interesados en lo que leía. Para colmo esa novela de Delany es experimental, no aconsejable para abordar el género. Pero igual me enganchó. Esta profe querida me prestó uno a uno todos sus números de El Péndulo —la emblemática revista argentina de la ciencia ficción—, los cuáles fueron una gran puerta para adentrarme en lo último de la ciencia ficción, el fantástico y la ficción especulativa de entonces, tanto en traducciones como en la producción local y latinoamericana. Por supuesto, en esta lista de personas también están mis viejos. Mi papá fue un gran lector de historietas —“Afanancio”, “Las andanzas de Patoruzú”, las revistas de Editorial Columba, por nombrar algunas—. Digo “fue” porque ahora está ciego. Él apenas pudo terminar el secundario. Mi mamá es oriunda de La Rioja, nacida en un hogar completamente disfuncional (mis abuelos maternos eran alcohólicos y muy violentos, y mi tío pasó gran parte de su vida en cana). Ella tuvo que trabajar desde los cinco o seis años, vendiendo empanadas en la estación de trenes de Chepes. Durante su adolescencia se desempeñó en un taller de fabricación de zapatos. En algún momento se escapó de su casa siguiendo a la dueña del taller, quien había decidido mudarse a Rosario. Con gran esfuerzo, mi vieja terminó la primaria en la escuela nocturna. Más tarde, ya en Buenos Aires, conoció a mi viejo y se casaron. Cuando yo nací en casa había una biblioteca de más de quinientos libros, porque ambos habían decidido que sus hijos no sufrirían las mismas carencias que ellos. Mi vieja se había asociado al Club de Lectores y todos los meses compraba muchos libros, de forma indiscriminada. Imaginate: desde la Biblia hasta Los Trópicos de Miller, pasando por los melodramas de Guy des Cars, novelas de escritores rusos (abiertamente comunistas, algunas de ellas), Borges, Alfonsina Storni, René Barjavel... ¡De todo! A los doce (cuando ya estábamos en democracia y no era peligroso tener una biblioteca tan nutrida), mi viejo empezó a comprarme los títulos de la colección de ciencia ficción de Hyspamérica. Y cuando cumplí dieciséis mi mamá me regaló “Crónicas marcianas”, de Bradbury. Definitivamente, tengo la enorme fortuna —aunque prefiero usar el término ‘bendición’— de haber nacido en un hogar en el que sobraron los estímulos para que pudiera desarrollar mi pasión por las letras. A veces escucho que no se puede dar lo que no se tiene. Pero no termino de creerlo: cuando hay interés, cuando hay amor (al decir de Theodore Sturgeon), se puede dar hasta lo que no se tuvo. De algún lado se termina sacando.

¿Cómo fue el proceso de selección de los relatos que aparecen en tu libro Capricho #43?
Los treinta y seis cuentos breves y microficciones que forman Capricho #43 son textos escritos a lo largo de una década, más o menos, para distintos sitios web y publicaciones virtuales. Una vez que definí el concepto del libro —una idea que pudiera englobarlos a todos—, la selección se dio en forma natural.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Bueno, ahí viene eso de definir el concepto integrador. Lo explico en la introducción. Resulta que un amigo de mi primer trabajo me prestó un libro de su hermano, un estudio de los Caprichos de Goya. La cuestión es que ni llegué a hojearlo porque lo perdí a los pocos días. Busqué por todos lados, si resultado. Unas dos semanas después me preguntó cómo iba con la lectura: le mentí, obviamente. La cosa es que luego de un mes el libraco apareció en la biblioteca de mi casa, como por arte de magia (y eso que había dado vuelta la biblioteca buscándolo). Al día siguiente, sin dudar, se lo devolví a mi amigo y le conté la verdad. Ni se inmutó. Me dijo que no me preocupara, que ése era “un libro andariego, lleno de monstruos, y que cada dos por tres le hace lo mismo a su hermano”. De esto hace más de veinticuatro años. Cuando buscaba ese concepto para darle identidad al libro, me acordé de esta anécdota y me pareció genial incluirla como texto introductorio. El grabado n° 43 de los Caprichos se llama “El sueño de la razón produce monstruos” (casi una máxima para el surrealismo, que surgiría unos 120 años después de la publicación de este trabajo de Goya). Así que el título me pareció adecuado, no sólo porque tengo cuarenta y tres años, sino principalmente porque en los treinta y seis cuentos de Capricho #43 hay monstruos, de los clásicos —vampiros, zombis, licántropos—, pero también de otros tipos, monstruos más terribles, por ser cotidianos e invisibles: religiones y deidades, políticos y gobiernos corruptos, tecnologías mal empleadas… Incluso el tiempo y el destino pueden ser monstruosos. Capricho #43 tiene un poco de todo eso.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Mi escritura siempre ronda en torno de la ciencia ficción, aunque yo digo que los cuentos de “Capricho #43” juegan con la ciencia ficción, parodian el terror y chapotean en el fantástico. La ironía es el tono más frecuente. De entrada puede parecer que estos textos se jactan de una levedad que mi primer libro —“El cerrojo del mundo está en Butteler”— no tiene. En éste casi no me meto con la ciencia ficción dura, ni empleo las atmósferas medio surrealistas u oníricas del anterior. Pero pienso que a pesar de esto igualmente tiene planteos profundos, enmascarados por el humor y la parodia. Incluso hago varios ‘homenajes’ a escritores que me gustan mucho, como Philip K. Dick, Isaac Asimov, Stephen King, Frank Herbert y Úrsula K. Le Guin.

¿Cuál es tu relato preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Mis preferidos son “Želva”, “Reeducación”, “Ahora no tiene gracia”, “Los besos son un recurso natural renovable”… Y algunos más, seguro. Pero por ahí anda la cosa. Algunos lectores me han comentado su predilección por “Abuso de los FX en el cine extranjero”, “Reeducación”, “Alegato”, “Reality” y “The end”.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Peces de Ciudad?
El gran escritor y amigo Hernán Domínguez Nimo me recomendó el emprendimiento de Mariana Kruk y Sole Blanco. Puedo decir que es un gustazo trabajar con ellas: le ponen garra y corazón a la edición, laburan sin parar y editan unos libros hermosos por dónde los mire, tanto en la elegancia del objeto en sí como en la calidad de los textos. Peces de Ciudad es una editorial independiente más que recomendable, con una producción asombrosa y mucha energía.

¿Qué libros recomendarías?
Uh… Muchos. De lo último que he leído recomiendo “El mar aéreo”, del uruguayo Pablo Dobrinin, “Mondo Cane”, de Pablo Martínez Burkett, “Conversaciones con Pablo Capanna”, de Marcelo Acevedo y la novela “Verde”, de Ramiro Sanchiz (también oriundo de la vecina orilla). En cuanto a los escritores anglosajones —y del palo de la ciencia ficción—, recomendaría “Las islas del verano”, de Ian R. MacLeod y “Carbono alterado”, de Richard Morgan. En cuanto a la poesía moderna, me han gustado mucho los poemarios “Pequeño manual de anatomía masculina”, de Analía Pinto, y “Mal abrigada”, de Paola Soto, ambos publicados también por Peces de Ciudad. Y quisiera aprovechar la ocasión para sugerir la lectura de WhiteStar, una novedosa antología inspirada en la multifacética obra del músico y actor David Bowie, compilada por Cristina Jurado y publicada por Palabaristas en e-pub. Y no lo hago porque en ella haya un cuento mío, sino porque en verdad es un libro muy bueno, con excelentes textos de escritores españoles y latinoamericanos. Yo creo que es una obra disruptiva, por varias razones, aunque deberá pasar un tiempo para que sea ponderada. Laura Ponce, de Ediciones Ayarmanot, está haciendo las gestiones necesarias para que sea publicada por estos lares, en papel.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
En lo musical, empecé a componer inspirándome en la genial novela “La mano izquierda de la oscuridad”, de Le Guin, lo que será una especie de soundtrack del libro. En el terreno literario, sigo insistiendo con el libro que va a salir el año próximo por Ayarmanot, de novelas cortas, al mismo tiempo que empecé trabajar también en un cuento para una antología que, estimo, será muy importante. Y estoy avanzando con un proyecto que me tiene muy entusiasmado: un libro de poesías y cuentos breves en el que todos los textos serán ilustrados por el artista plástico Gastón Barticevic. En realidad tratamos de hacer dos libros en uno. Algo así como contar lo mismo desde dos perspectivas distintas: una en clave poética, casi un romancero épico y fantástico, y la otra en clave de ciencia ficción. Es un intento de mostrar ambos lados de una misma historia. Veremos cómo sale el experimento.



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domingo, 14 de mayo de 2017

Martín Sancia: “Creo que todo premio es injusto, así que no puedo más que agradecer que alguna vez una injusticia me favorezca”



PH Ale Meter

El escritor Martín Sancia obtuvo el prestigioso Primer Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2017 con su novela Todas las sombras son mías, otorgado por la editorial Sigmar. Además de dicho libro, acaba de publicar la novela Shunga con Evaristo Editorial. El autor habló con Entre vidas acerca de ambas novelas y de sus nuevos proyectos entre los que se destacan dos libros que podrían ser publicados antes de fin de año en Bolivia.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Ningún ritual. Necesito, eso sí, que esté la televisión encendida. El silencio me juega en contra a la hora de pensar. Me aturde.

¿Con qué frecuencia escribís?
Escribo siempre que puedo, casi todos los días.

¿Quién te inculcó tu amor por la literatura?
El primero fue Alejandro Dolina. A los doce o trece años empecé a escuchar su programa de radio, Demasiado tarde para lágrimas, y al poco tiempo empecé a leer con voracidad. El segundo, Borges; durante un año solo leí sus libros (incluidas sus obras como antólogo). El tercero, Onetti. Lo admiré tanto, me volvió tan loco que quise ser alcohólico como él (pero fracasé).

¿Qué fue lo primero que escribiste?
Un cuento que se llamaba “Águeda”. Lo perdí. Ni siquiera llegué a pasarlo a la pc; quedó escrito a máquina un tiempo, hasta que desapareció.

¿Cuál fue la imagen disparadora de tu libro “Todas las sombras son mías”?
Una chica huele una flor y luego estornuda de un modo tan violento que su cara se desprende, sale volando, y la chica queda en carne viva. Así empezó la novela en mí.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela?
Fue un proceso enloquecido y roñoso. Porque, desde que escribí la primera frase ya no pude parar. Me pedí la semana en el laburo y le di casi sin respiro, todo el día, toda la noche. Como mi mujer viajó a Salto a visitar a su familia, ni siquiera perdí tiempo en bañarme. Cuando ella regresó, a los tres días, me encontró con la misma ropa que cuando se había ido, bajo una nube de moscas, entre mis tres gatos (los tengo muy cerca cuando escribo) pero feliz porque había terminado la novela.

¿Qué sentiste cuándo te notificaron que con la novela habías ganado el Primer Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2017?
Alegría y agradecimiento. Creo que todo premio es injusto, así que no puedo más que agradecer que alguna vez una injusticia me favorezca.

¿Cómo fue la experiencia de publicar nuevamente con la editorial Sigmar?
Trabajar con Silvia Portorrico y Lorena Sinso es para mí un placer. Le agradezco a Silvia que me haya ayudado a sacarme de encima algunos vicios propios de quien jamás fue a un taller. Me formé a tarascones, casi a ciegas, tropezando  mucho, por eso agradezco siempre sus consejos.

¿Cómo se dio tu llegada a la editorial?
En el 2014 mi novela “Los poseídos de Luna Picante” obtuvo el Segundo Puesto en el Concurso de la Editorial.

¿A qué le atribuís que tantos escritores estén volcándose a publicar literatura juvenil.
No sé, no tengo idea. Suele decirse que el autor infantil, a diferencia del autor para adultos, puede vivir de sus libros. No es mi caso ni, tampoco, el caso de los autores infantiles que conozco. Es arduo escribir para chicos, y aún más arduo llegar a publicar. En mi caso, escribir para chicos es una necesidad. Si escribiera solo para adultos me sentiría a medias.

¿Qué podés adelantar de tu nueva novela Shunga?
El punto de partida es el siguiente: Oriko, la esposa de Kotaro, muere. Él, que no puede llorar,  decide contratar a tres actrices, las hermanas Izumi, para que vivan en su casa y lloren sin descanso la muerte de su amada, turnándose para que puedan descansar. Mientras ellas lloren podrán vagar por toda la casa. Ninguna habitación les estará vedada. Serán, mientras estén llorando, las dueñas de la casa.  
Aclaro qué significa shunga. Los shunga (“imágenes de primavera”) son xilografías realizadas por artistas japoneses (menciono algunos: Kitagawa Utamaro, Suzuki Haronobu, Utagawa Kuniyoshi), estampas del mundo del placer en donde el sexo aparece representado de modo explícito.  El apogeo de los shunga tuvo lugar durante el período Edo (1603-1868).

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar con Evaristo Editorial?
Fue fortuita. El año pasado estuve leyendo un cuento en La noche de las librerías. Damián  Vives, que también participó del evento, me dijo que le había gustado mucho mi cuento y que le gustaría editar algo mío. A Damián lo conocía, lo había cruzado miles de veces, lo había escuchado en charlas, pero no me acercaba a hablarle porque me intimidaba. Tanto me intimidaba que no me animé a enviarle nada. Tres meses después, nos cruzamos no recuerdo dónde y  me preguntó: ¿Y? Le envié, entonces, Shunga, y al mes  nos sentamos a hablar. Me dijo que él y los otros integrantes de la editorial (Roxana Artal, Marco  Zanger y Rodrigo De Echeandía) querían  editarla y  que harían lo posible para que la novela saliera para la Feria del Libro del 2017 con tres tapas que contuvieran ilustraciones shunga originales, realizadas por  Japo Yamasato. Y así fue: la novela salió para la Feria y con tres tapas bellísimas, que no me canso de mirar. Japo Yamasato es realmente genial.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy con una novela juvenil y un libro de cuentos infantiles (con enigmas detectivescos) que posiblemente salgan editados  antes de fin de año en Bolivia. Los escribí hace muchos años, así que los estoy revisando.  Estoy muy contento con eso.




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Angie Pagnotta: “El libro se trata de la reconstrucción y la construcción de la memoria”



La escritora Angie Pagnotta, flamante creadora de la revista digital Kundra, publicó su primer libro de cuentos Memoria de lo posible con la editorial Peces de Ciudad. La autora contó que la idea del recuerdo conectado a algo que no pasó pero puede sentirse como si hubiera pasado le resultó interesante y eso fue uno de los motores del libro. Actualmente realiza un taller individual con el prestigioso escritor Pablo Ramos y está terminando de escribir su novela Nada que no quieras.


¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
Casi podría decir que depende de lo que esté escribiendo: si son notas periodísticas no tengo demasiadas pretensiones más que un mate, creo que los distintos trabajos que tuve me dieron la tolerancia para poder escribir en medio del bullicio de una redacción concurrida. En cuanto a literatura ahí me pongo más específica y necesito la laptop, mi libreta violeta de anotaciones de escritura, el mate y cero conexión a las redes sociales. También necesito tener mi sistema de fichas para no perder el orden esencial de lo que estoy escribiendo, lo que equivale también a tener el corcho en la pared donde voy poniendo recortes, frases, fragmentos. Convierto mi ritual de escritura en un proceso artesanal en el que incluso escribo mucho a máquina de escribir. A veces, depende el ánimo, escribo con distintas playlist que me armé en Spotify.

¿Con qué frecuencia escribís?
A diario, no puedo vivir de otra forma.

Actualmente estás haciendo taller con el prestigioso escritor Pablo Ramos. ¿Cómo viene la experiencia de tomar clases con él?
Pablo Ramos es una de las personas más importantes en mi vida. Lo admiro, lo quiero y valoro muchísimo el trabajo que hace conmigo porque me despertó de varios prejuicios que tenía conmigo misma. Llegué a él por recomendación del editor y escritor Marcos Almada que —a raíz de la lectura del primer borrador de mi novela, Nada que no quieras— me dijo: “tenés que leer a Pablo Ramos”. Lo leí y La ley de la ferocidad me hizo un click, fue un antes y un después. Tanto fue así que investigando un poco llegué a su blog, a su mail y le escribí un correo contándole todo lo que me pasó al leerlo. En el mail también le consultaba sobre sus clases. Cuando me llegó la respuesta no lo podía creer. Charlamos y me tomó como alumna aparte, por fuera de sus talleres semanales. Sin duda voy a estar siempre agradecida a Marcos por esa sugerencia. Pasé por algunos talleres pero la experiencia que vivo con Pablo trasciende la palabra taller, se trata de un espacio donde la estructura y la desarticulación del tiempo que compartimos me lleva a explorar otros autores, otras formas de escritura, otros puntos de vista y un sinfín de variaciones que tienen que ver con lo literario, claro, pero que también tienen que ver con la vida y las emociones.

¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos que aparecen en tu libro Memoria de lo posible?
Memoria de lo posible nació gracias a Nada que no quieras. Durante la escritura me pasa que escribo en paralelo distintos fragmentos, frases o partes que aún no tienen forma y las voy guardando. Cuando estaba buscando un cuento para enviar a un concurso, noté que tenía muchos cuentos incompletos, por corregir o en proceso de escritura, es por eso que volví a esos fragmentos y los utilicé para completar ideas de relatos que tenía en algún proceso. Las imágenes de muchos de esos fragmentos me parecían tan fuertes que entendí que ya eran un cuento de por sí. Muchos otros nacieron de cero y, casi sin querer, al volver a revisarlos, noté que todos tenían una especie de hilo invisible que los conectaba.

¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
Le puse así porque es el concepto que, para mí, conecta todos los cuentos, ya que el libro se trata de la reconstrucción y la construcción de la memoria, de cómo muchas veces transformamos un recuerdo y lo convertimos en una u otra cosa. Este libro son historias que pasaron y también historias que pudieron haber pasado en algún punto de la historia de los personajes. La idea del recuerdo conectado a algo que no pasó pero puede sentirse como si hubiera pasado me resulta interesante y ese es uno de los motores del libro.

¿De qué temas se nutre tu escritura?
Son muchas las temáticas que me interesan para escribir, creo que las fundamentales rondan en torno al amor, la construcción de la identidad, las carencias y demandas de afecto, las adicciones, el engaño, la culpa y, entre otras cosas, el monólogo interior que le puede surgir a una persona a raíz de una noticia que lo desborde o lo inquiete.

¿Cuál es tu cuento preferido del libro y cuál el que destacan los lectores?
Creo que el que más me gusta a mí es Versiones sobre el río, porque fue el primer cuento en el que encontré mi voz como escritora. Esto viene a raíz de que nunca sentí que mi escritura encajara del todo con la estructura de los cuentos, pero este relato fue el disparador que me hizo pensar que sí era posible. Algunos lectores me comentaron que Lo que hubiera querido ser, A la orilla del cielo y Atravesar el puente son sus favoritos. Muchos me dijeron que los elegían por identificación personal y otros por el aire poético que tienen y, por suerte, también son cuentos que me gustan a mí.

¿Cómo surgió la posibilidad de publicar el libro con la editorial Peces de Ciudad?
La posibilidad tuvo que ver con el tiempo anterior al proceso que comenté sobre la elección y escritura de los cuentos. Un día entro a Facebook y veo que Peces de Ciudad convocaba a autores inéditos a que lean algo de su material, para una fecha que hacían de Narrativa, en Espiche. Consulté sobre la posibilidad de leer algo y ahí estuve. Luego de leer —o de temblar mientras leía—, las chicas me dijeron que les había encantado mi lectura y que no dude en enviarles material. Así fue y, casualmente, lo que leí esa noche se convirtió después en el cuento que abre el libro.

¿Qué novedades va a tener Revista Kundra para este año?
Tengo ganas de armar Ciclos de Lectura y pintura fusionados, eso me entusiasma y creo que funciona más que bien. Además el año pasado había pensado en armar Kundra TV, lo que sería un canal de YouTube que se sostenga con columnistas fijos y donde hagamos entrevistas, recomendaciones y, básicamente, hablemos de libros. El problema es que las dos son ideas que llevan mucho tiempo y no es algo que me sobre en este momento. Por ahora voy planificando las dos cosas muy lentamente. Quizás este año no sean, pero son ideas a futuro, eso seguro.

¿Qué libros recomendarías?
La ley de la ferocidad, de Pablo Ramos, Como si no existiese el perdón, de Mariana Travacio, También esto pasará, de Milena Busquets, Cuentos completos, de Fogwill, Desgracia, de Paul Auster,  La broma infinita, de David Foster Wallace, Factótum, de Bukowski, Un aprendizaje o el libro de los placeres, de Clarice Lispector, Protocolos naturales, de Yamila Bêgné, Novelas y cuentos I, de Osvaldo Lamborghini, Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enriquez. Todos por lo mismo y a la misma vez por cosas distintas pero centralmente porque son libros inspiradores, que te marcan, que te llaman, que te sirven de puntapié inicial para abrir la cabeza, la percepción y los sentidos.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy colaborando con muchos medios gráficos y digitales, entre ellos en Solo Tempestad, Revista Kunst, TRENInsomne, Revista Qu y sigo con mi portal de Arte y Cultura: Baires Digital y por supuesto con Revista Kundra. Pero sin dudas mi proyecto más grande es terminar Nada que no quieras este año y seguir con todos los textos que dejé en el camino y siguen sucediendo en mi cabeza.



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